Por más que intentaba rehacer mi vida y que daba lo mejor, mis parejas se iban.
La dinámica de mis relaciones se resume a que iniciaba una relación muy bien. Luego de un tiempo, el novio de turno decía cosas como: no sentirse listo, o que no podía darme lo que yo quería.
La penúltima ruptura que viví, rebasó mi capacidad de aguantar y esto afectó mi rol de mamá madre y mi desempeño en el trabajo.
No lograba entender por qué mis relaciones simplemente no se daban. Hice de todo, desde leer muchísimo, pasar horas en YouTube, asistir a talleres y retiros espirituales, me hice leer las cartas, pasaba pendiente del horóscopo, fui al brujo, cambié de religión y por último, fui a la psicóloga.
En 2022, conocí a la persona con la que tuve mi última relación. Desde el inicio fue muy diferente a las anteriores, pensé que con él al fin las cosas se darían, pero siempre que discutíamos, tenía miedo de que se vaya, hasta que un día, sucedió lo que más temía.
No entendía por qué a pesar de todo lo que había hecho, estaba volviendo a pasar lo mismo. Sabía que esto era mío pero cómo ¿no fue acaso que ya había sanado?.
Busqué y busqué ayuda hasta que me volví a encontrar con una persona a la que había seguido años atrás, que nunca ofrecía sanar (ofrecía hacerte consciente). Tal vez por eso, no me interesé antes.
Desde la ciencia, ella aplica los conocimientos del Dr. Peter Levine, reconocido psicólogo y biofísico estadounidense, quien descubrió que en el SISTEMA NERVIOSO se guardan las emociones dolorosas desde la infancia, haciendo que la persona INCONSCIENTEMENTE entre en un estado psicológico que en mi caso, fue el abandono.